Respaldo desde Washington: EE. UU. felicita al Papa León XIV, el primer pontífice estadounidense

El nombramiento del Papa León XIV, anteriormente el cardenal Robert Francis Prevost, como nuevo líder de la Iglesia católica ha provocado reacciones en todo el mundo. Este jueves, el Departamento de Estado de los Estados Unidos emitió una declaración oficial felicitando al nuevo Pontífice, destacando la relevancia histórica de su elección como el primer Papa de nacionalidad estadounidense.
La declaración, firmada por el secretario de Estado Marco Rubio, fue publicada en la tarde de este 8 de mayo, pocas horas después de que se confirmara la elección del Papa número 267 en la historia de la Iglesia. «Hago extensiva mi más sincera felicitación a su santidad el papa León XIV por su elección como 267. º sucesor de San Pedro», expresó Rubio en el comunicado oficial.
El mensaje enfatizó la importancia espiritual del momento, destacando su coincidencia con el Año Jubilar 2025, una celebración significativa para el catolicismo que ha convocado a millones de peregrinos a Roma. “Este es un momento de profundo significado para la Iglesia católica, que ofrece una renovada esperanza y continuidad en medio del Año Jubilar”, añadió el secretario.
Rubio también manifestó el deseo del gobierno estadounidense de continuar y fortalecer la relación con el Vaticano. “Estados Unidos espera con interés profundizar su duradera relación con la Santa Sede con el primer pontífice estadounidense”, subrayó, calificando el papado como una “responsabilidad sagrada y solemne”.
En un gesto personal, Rubio mencionó a su esposa Jeanette, sumándose ambos en oración por el nuevo Papa: “Jeanette y yo nos unimos en oración por su santidad, para que el Espíritu Santo le conceda sabiduría, fortaleza y gracia en su labor como pastor de la Iglesia”.
La elección de León XIV marca también un hito continental: es el segundo Papa procedente de América, después del argentino Jorge Mario Bergoglio (Francisco), y su llegada al trono de Pedro ha generado entusiasmo y orgullo entre católicos estadounidenses, muchos de los cuales lo consideran una figura cercana y profundamente pastoral.