Golpe al chavismo: quiénes son las figuras clave que disputan el poder en Venezuela

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses abrió un vacío de poder inédito en Venezuela y dejó a la cúpula chavista en una lucha acelerada por controlar el aparato político, militar y territorial del país. Aunque la Constitución marca una ruta formal de sucesión, en los hechos el mando se reparte entre civiles y militares que ya eran pilares del régimen y hoy emergen como los protagonistas de la nueva etapa.
En el plano institucional, la figura que aparece primero en la línea de sucesión es la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez, quien por Constitución debería asumir las funciones del Poder Ejecutivo en ausencia del presidente y ya encabeza reuniones del Consejo de Defensa de la Nación para denunciar la operación militar de Estados Unidos y exigir la liberación de Maduro. Rodríguez es una operadora política con larga trayectoria dentro del chavismo y mantiene además un eje de poder reforzado por su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, con quien controla dos de las instituciones más estratégicas del Estado. Este binomio civil, con acceso directo a los resortes burocráticos y al aparato legislativo, es uno de los centros de decisión más influyentes en el escenario posterior a la captura.
Sin embargo, el poder real en Venezuela no se define solo por los cargos formales, sino por la capacidad de controlar las fuerzas armadas, los cuerpos de seguridad y los recursos económicos del Estado. En ese terreno, dos nombres se repiten en todos los análisis: Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, considerados desde hace años como los pilares del chavismo junto a Maduro y ahora señalados como los actores con mayor capacidad de presión en la transición. Ambos representan la cara más dura del oficialismo y han sido identificados por analistas y gobiernos extranjeros como piezas centrales del entramado político, militar y represivo construido en torno al poder chavista.
Diosdado Cabello, ministro del Interior, Justicia y Paz y primer vicepresidente del partido de gobierno, es descrito como el número dos del chavismo y el operador que articula la relación con cuerpos policiales, grupos armados civiles y estructuras vinculadas al control territorial. Tras el ataque estadounidense y la captura de Maduro, fue uno de los primeros en mostrarse en las calles de Caracas junto a fuerzas de seguridad, en mensajes transmitidos por la televisión estatal que lo colocan como rostro visible de la resistencia interna frente a la intervención. Sobre Cabello, además, pesan acusaciones de Estados Unidos que lo señalan como figura clave del llamado Cartel de los Soles, con una millonaria recompensa por su captura, lo que añade una dimensión judicial y geopolítica a su poder.
El otro gran soporte del régimen es el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, al frente de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana desde 2014 y con amplio ascendiente sobre mandos militares que han sostenido al chavismo durante más de una década. Padrino fue uno de los primeros en pronunciarse tras los bombardeos y la operación de captura, ordenando el despliegue de unidades en todo el país y llamando a cerrar filas ante lo que definió como la mayor agresión sufrida por Venezuela. Su rol será decisivo para definir si el alto mando apoya una transición ordenada, un reacomodo interno del chavismo o una respuesta más confrontativa que prolongue la crisis política y de seguridad.
A este núcleo se suma el fiscal general Tarek William Saab, quien desde el Ministerio Público ha sido el responsable de la persecución judicial contra opositores y el encargado de dar cobertura legal a las decisiones más controvertidas del régimen. Saab controla una parte importante del aparato investigativo y acusatorio del Estado, lo que le permite influir sobre la suerte de líderes opositores, militares disidentes y funcionarios chavistas que podrían negociar su posición en la nueva correlación de fuerzas. Su papel como brazo judicial del sistema incrementa su valor en cualquier negociación interna o externa sobre eventuales salidas a la crisis.
En el frente opositor, la captura de Maduro también reconfigura el tablero, con figuras como Edmundo González, a quien la oposición considera ganador de las elecciones de 2024, y María Corina Machado, que ha reivindicado la caída del líder chavista como inicio de una nueva etapa hacia la reconstrucción democrática. Ambos actores, respaldados por sectores de la comunidad internacional, buscan capitalizar el momento para impulsar una transición que incluya liberación de presos políticos y garantías electorales, pero sus márgenes dependen aún del pulso entre la cúpula chavista y la presión externa encabezada por Estados Unidos. En medio de ese escenario, la pregunta sobre quién manda realmente en Venezuela sigue abierta, marcada por la coexistencia de una sucesión constitucional formal y un entramado de poder fáctico en manos de militares, líderes del partido y operadores judiciales.







