Fallece José «Pepe» Mujica, el expresidente uruguayo

José «Pepe» Mujica falleció este martes 13 de mayo de 2025, en su chacra de las afueras de Montevideo, rodeado de lo que siempre fue suyo: la tierra, las herramientas, el mate y Lucía Topolansky, su compañera de vida y de lucha.
Venía apagándose desde hacía meses por un cáncer de esófago, pero nunca dejó de sembrar —plantas, ideas y frases inolvidables— ni de recibir a quienes buscaban un poco de la sabiduría serena que supo cosechar con la misma naturalidad con la que cultivaba tomates.
Mujica no necesitó trajes caros ni grandes discursos para convertirse en leyenda. Llegó a la presidencia de Uruguay (2010-2015) sin dejar de ser el mismo hombre que vivía en una casa humilde, viajaba en un escarabajo del 87 y se reía del poder mientras lo ejercía.
Su vida entera fue una respuesta a una de las preguntas más difíciles de nuestro tiempo: ¿se puede tener poder sin perder el alma?
Murió Pepe Mujica, el revolucionario tranquilo que cambió Uruguay sin cambiar su esencia.
"Hasta acá llegué. El guerrero tiene derecho a su descanso", dijo Pepe Mujica al anunciar su retiro.
Hoy, ese descanso es eterno. pic.twitter.com/LUIHmD8i8u— Sopitas (@sopitas) May 13, 2025
Nacido el 20 de mayo de 1935, en Montevideo, perdió a su padre a los seis años y fue criado por su madre, una campesina que le enseñó el valor del trabajo duro.
Pasó por el anarquismo, el Partido Nacional, y encontró su camino en el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, una guerrilla urbana que intentó cambiar el país con fusiles.
Pagó el precio: doce años en prisión, incomunicado, encerrado, al borde de la locura. Sobrevivió. Salió roto físicamente, pero entero en su humanidad.
“No odien. Porque el odio termina idiotizándolos”, decía. Esa frase, como muchas otras, resume el espíritu de quien prefirió siempre la reflexión a la revancha.
Hoy se apaga una voz distinta, incómoda, necesaria. Mujica eligió el camino difícil: el de la coherencia. Y lo recorrió hasta el final.
Como él mismo dijo alguna vez: “Hasta acá llegué. El guerrero tiene derecho a su descanso.” Hoy, ese descanso se vuelve eterno. Pero su legado sigue sembrado en la tierra y en la memoria colectiva de América Latina.