Explosiones mortales en Irak en medio de recrudecimiento de protestas

Seis personas murieron en varias explosiones casi simultáneas el martes en Bagdad, que se sumaron a las violentas protestas que sacuden desde hace dos meses Irak, en la crisis social más mortífera de su historia reciente.
Estos ataques, con moto bomba o bomba, que dejaron seis muertos según fuentes médicas y policiales, en tres barrios chiitas de Bagdad –donde los atentados se habían reducido drásticamente desde hacía meses– no fueron por el momento reivindicados.
Las explosiones cierran una nueva jornada de violencia en el país, donde dos manifestantes murieron, en el centro histórico de Bagdad y en la ciudad santa chiita de Kerbala, 100 km al sur.
En uno de los países con más petróleo del mundo, pero también uno de los más corruptos, los manifestantes reclaman la reforma del sistema y de su clase dirigente, que consideran corrupta e incompetente.
El martes, las protestas se recrudecieron: la violencia ya causó más de 350 muertos en dos meses, y ahora se extendió a ciudades que, hasta ahora, no se habían visto afectadas por las movilizaciones. Además, ahora se prolonga durante el día lo que antes sólo ocurría durante la noche.
Un manifestante resultó muerto por balas de goma de la policía, según los médicos de la capital, donde los manifestantes, escondidos tras los muros, enfrentan a las fuerzas de seguridad.
Otros 20 manifestantes resultaron heridos en el mismo lugar, en las afueras del puente Al Ahrar, atrapados en una nube de gas lacrimógeno, cerca de la plaza Tahrir, epicentro del primer movimiento de protesta espontánea de Irak post Sadam Husein.
Antes, los iraquíes se apresuraban para hacer compras cerca de la calle Rachid. Hoy asisten a escenas de guerra. A un lado de los muros de hormigón montados a la prisa por las calles, la policía dispara, a veces con munición real; a otro, los jóvenes manifestantes, con cascos en la cabeza y la cara cubierta con bufandas, tratan de protegerse de las granadas lacrimógenas.
El martes fue hallado el cuerpo sin vida de un manifestante –quizás fallecido otro día, según fuentes médicas– en esta zona.
Algunos intentan avanzar hacia las granadas, a riesgo de sus vidas, para neutralizarlas o devolverlas a los policías antidisturbios. En medio del caos, todos juran que se quedarán. «Sólo nos iremos en ataúdes», lanza uno de ellos a la AFP.