25 años después, el Cuscatlán vuelve a ser escenario del duelo entre El Salvador y Guatemala

El fútbol centroamericano volverá a encender una de sus rivalidades más apasionadas. Este martes 14 de octubre, El Salvador y Guatemala se reencontrarán en el Estadio Cuscatlán por la eliminatoria rumbo al Mundial 2026, en un duelo que no solo vale tres puntos, sino que está cargado de historia, orgullo y cuentas pendientes.
Han pasado 25 años desde aquel recordado enfrentamiento en el mismo escenario, cuando ambas selecciones empataron 1-1 el 7 de mayo del 2000 en la clasificación hacia Corea y Japón 2002.
Aquella noche, el estadio salvadoreño fue una caldera. Guatemala, dirigida entonces por el uruguayo Carlos Miloc, tomó ventaja con un gol de Juan Carlos Plata al minuto 20, pero la ilusión duró poco: antes del descanso, el eterno goleador Raúl Díaz Arce empató el marcador, silenciando por un instante a los chapines que soñaban con la hazaña.
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El empate dejó heridas abiertas y una sensación de revancha latente que el tiempo no ha borrado. Ninguna de las dos selecciones logró avanzar a la siguiente ronda en aquella ocasión, pero el enfrentamiento quedó grabado en la memoria colectiva por su intensidad y por representar una de las páginas más vibrantes del fútbol de la región.
Un cuarto de siglo después, la historia parece repetirse. En la actual eliminatoria de Concacaf, El Salvador volvió a golpear primero. El pasado mes de septiembre derrotó a Guatemala 1-0 en el estadio Cementos Progreso, un resultado que dejó a la Bicolor contra las cuerdas y sin margen de error.
Ahora, el equipo dirigido por Luis Fernando Tena llega al Cuscatlán obligado a ganar para mantener viva la esperanza mundialista.
La misión no será sencilla. El escenario, conocido por su ambiente imponente, promete estar repleto. Miles de aficionados salvadoreños esperan revivir una noche de gloria, mientras que los guatemaltecos buscarán romper un ciclo de frustraciones y escribir una nueva historia.
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Más allá de los puntos en disputa, este clásico centroamericano representa mucho más: orgullo, identidad y el deseo de volver a figurar en la élite del fútbol regional. Los ecos de aquel empate del 2000 aún resuenan, pero esta vez, Guatemala sabe que no hay espacio para mirar atrás.
El Cuscatlán volverá a ser testigo de un capítulo más en esta rivalidad eterna. Una noche de pasión, historia y esperanza está por comenzar.