domingo, 8 de febrero de 2026

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Internacionales

VIDEO | Donald Trump molesto sobre Israel e Irán: «Ellos no saben la m#$»% que hacen»

La Red JL24 de junio de 2025
Donald Trump Israel e Irán

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresó su frustración en términos contundentes hacia Israel e Irán, acusando a ambas naciones de violar el acuerdo de alto al fuego en Medio Oriente que él mismo había ayudado a negociar.

Sus declaraciones, que incluyeron un exabrupto poco habitual en un mandatario estadounidense, reflejan la creciente tensión en una región donde la paz parece siempre al borde del colapso.

En declaraciones a periodistas antes de partir hacia la cumbre de la OTAN en La Haya, Trump manifestó su descontento con ambos países, aunque señaló estar «realmente descontento» específicamente con Israel.

«Tengo que lograr que Israel se calme», afirmó el mandatario, reaccionando a los ataques israelíes que impactaron en Irán en tres etapas hasta las 5:30 de la mañana (hora del Reino Unido), justo antes de que entrara en vigor el alto al fuego, según informó un portavoz del cuartel general militar central de Irán a través de la televisión estatal.

La situación se complicó aún más cuando Israel acusó a Irán de violar el acuerdo al lanzar un cohete después del horario acordado para el cese de hostilidades.

Sin embargo, los militares iraníes negaron haber realizado disparos contra Israel, según reportaron medios estatales del país persa.

La frustración del presidente estadounidense fue evidente ante el aparente colapso del acuerdo, del cual se había atribuido el mérito en una serie de publicaciones en su plataforma Truth Social.

La ruptura de este frágil pacto parece haber tocado un punto sensible para Trump, quien había presentado el alto al fuego como un logro diplomático significativo de su administración.

«Tan pronto como hicimos el acuerdo, salieron y lanzaron una carga de bombas», declaró a los reporteros con visible indignación. «De una magnitud que nunca antes había visto.

La carga más grande que hemos visto. No estoy contento con Israel», continuó el mandatario, dejando clara su posición crítica hacia el accionar del gobierno israelí.

Lo que más llamó la atención de los presentes fue la crudeza con la que Trump caracterizó la situación: «Básicamente tenemos dos países que han estado luchando durante tanto tiempo y con tanta intensidad que no saben qué demonios están haciendo», expresó utilizando un lenguaje inusualmente fuerte para un contexto diplomático internacional.

Esta declaración refleja no solo la frustración del presidente estadounidense, sino también su interpretación de un conflicto histórico que parece perpetuarse por inercia propia, más allá de los intereses estratégicos racionales de las partes involucradas.

La caracterización de ambas naciones como atrapadas en un ciclo de violencia que ya no pueden controlar representa una visión particularmente pesimista del conflicto en Medio Oriente.

A pesar de este momento de aparente desesperación, Trump rápidamente intentó reafirmar su control sobre la situación. Poco después de su exabrupto, publicó en Truth Social que «Israel no va a atacar a Irán», añadiendo que los aviones israelíes que se dirigían hacia territorio iraní «darán la vuelta y regresarán a casa». Con un tono de certeza absoluta, insistió: «¡Nadie resultará herido, el alto al fuego está en vigor!».

Esta secuencia de eventos ilustra la compleja dinámica que enfrenta la administración Trump en sus esfuerzos por mediar en uno de los conflictos más persistentes y volátiles del panorama internacional.

Por un lado, el presidente estadounidense busca proyectar una imagen de firmeza y control, presentándose como el arquitecto de acuerdos de paz históricos.

Por otro lado, la realidad sobre el terreno frecuentemente desafía estas narrativas, generando momentos de frustración pública que revelan las limitaciones del poder estadounidense para imponer soluciones duraderas.

El contexto más amplio de estas declaraciones es un conflicto de 12 días entre Israel e Irán que había alcanzado niveles de intensidad preocupantes para la comunidad internacional.

El anuncio de un alto al fuego, mediado por Estados Unidos, había generado esperanzas de una desescalada significativa.

Sin embargo, como suele ocurrir en la región, la implementación efectiva de tales acuerdos enfrenta obstáculos considerables.

Cuando finalmente comenzó el alto al fuego, Trump publicó un mensaje que parecía más una súplica que una declaración presidencial: «¡El alto al fuego está ahora en vigor. Por favor, no lo violen!».

Esta frase, con su tono casi implorante, revela la ansiedad del mandatario ante la fragilidad del acuerdo y su conciencia de que cualquier incidente podría desencadenar una nueva espiral de violencia.

La situación plantea interrogantes significativos sobre la efectividad de la diplomacia estadounidense en Medio Oriente bajo la administración Trump.

Si bien el presidente ha buscado presentarse como un negociador excepcional capaz de resolver conflictos aparentemente intratables, episodios como este sugieren que la realidad es considerablemente más compleja.

Para los analistas internacionales, las declaraciones de Trump reflejan una frustración comprensible ante la obstinación de actores regionales que parecen determinados a continuar sus enfrentamientos a pesar de los esfuerzos diplomáticos.

Sin embargo, el lenguaje empleado y la aparente incapacidad para anticipar las violaciones al alto al fuego también podrían interpretarse como señales de una estrategia diplomática que no ha logrado comprender plenamente las dinámicas subyacentes del conflicto.

El futuro inmediato de la situación en Medio Oriente permanece incierto.

La capacidad de la administración Trump para mantener este frágil alto al fuego dependerá no solo de su influencia sobre Israel e Irán, sino también de su habilidad para coordinar esfuerzos con otros actores internacionales relevantes.

La cumbre de la OTAN a la que el presidente se dirigía cuando realizó estas declaraciones podría proporcionar una plataforma para buscar apoyo adicional en estos esfuerzos.

Mientras tanto, los ciudadanos de Israel e Irán, así como de toda la región, permanecen en un estado de tensa espera, conscientes de que la paz que se ha declarado podría ser tan volátil como el conflicto que pretende detener.

Las palabras del presidente estadounidense, con toda su crudeza, quizás capturan mejor que cualquier análisis diplomático la frustración de una comunidad internacional que observa cómo décadas de esfuerzos por la paz continúan enfrentándose a los mismos obstáculos aparentemente insuperables.

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