Un pasado que no se olvida, 40 años de búsqueda de víctimas de desaparición forzada

Este 30 de agosto, en el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, y la vicepresidenta Karin Herrera, rindieron homenaje a 90 familias que han luchado incansablemente durante 40 años por encontrar a sus hijos e hijas, víctimas de desaparición forzada durante el conflicto armado interno.
Arévalo, en su intervención, expresó su solidaridad y apoyo a las familias afectadas, reconociendo el dolor y el sufrimiento que han soportado durante décadas.
«Hoy honramos la lucha y el esfuerzo incansable de estas familias que han buscado a sus seres queridos durante tanto tiempo. Su valentía y perseverancia son un ejemplo para todos nosotros», afirmó el mandatario.
El presidente destacó la necesidad de que el Estado guatemalteco asuma su responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la reparación de los daños causados por las violaciones de derechos humanos cometidas durante el conflicto armado.
En el Día de las Víctimas de Desaparición Forzada decimos ¡Guatemala nunca más! ¡Nunca más un país donde se vulneren los
derechos de todas y todos! Solo con Verdad y Justicia #GuatemalaSaleAdelante en la construcción de un país con esperanza. pic.twitter.com/rBXvarynFS— Vicepresidencia de Guatemala (@ViceGuatemala) August 30, 2024
Desaparición de personas
Durante el conflicto armado interno en Guatemala, que duró de 1960 a 1996, miles de personas fueron víctimas de desapariciones forzadas. Las desapariciones forzadas ocurrieron en el contexto de una guerra civil entre el gobierno guatemalteco, apoyado por sectores militares y paramilitares, y varios grupos guerrilleros de izquierda.
Las principales razones detrás de las desapariciones forzadas fueron:
- Represión política: El gobierno y las fuerzas militares buscaban eliminar cualquier oposición política o social. Aquellos que eran percibidos como simpatizantes de los movimientos guerrilleros, activistas de derechos humanos, líderes comunitarios, campesinos organizados, estudiantes y cualquier persona considerada subversiva eran objetivo de desaparición.
- Estrategia contrainsurgente: Como parte de su estrategia contrainsurgente, el Estado implementó tácticas de terror para desmovilizar a la población civil y cortar el apoyo a los grupos guerrilleros. Las desapariciones forzadas se utilizaron para infundir miedo y para desarticular el tejido social que apoyaba la insurgencia.
- Control social: Las desapariciones también servían como una herramienta de control social. Al desaparecer a individuos clave en las comunidades, las autoridades buscaban desmantelar cualquier tipo de organización que pudiera desafiar su poder o fomentar la resistencia.
- Impunidad y encubrimiento: Muchos de los desaparecidos fueron secuestrados, torturados y asesinados en secreto, y sus cuerpos nunca fueron encontrados, lo que permitía a las autoridades negar su participación en estos crímenes y perpetuar un clima de impunidad.
Este periodo dejó una profunda marca en la sociedad guatemalteca, y las desapariciones forzadas se consideran uno de los crímenes más graves cometidos durante el conflicto armado, cuyas secuelas aún se sienten hoy en día.