domingo, 8 de febrero de 2026

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Futbol Nacional

Un dolor imborrable: hoy se cumplen 29 años de la tragedia en el Mateo Flores

wcumes16 de octubre de 2025
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Hace 29 años, el estadio Mateo Flores fue escenario de una de las tragedias más dolorosas en la historia del deporte guatemalteco. Para las 20:00 horas de aquel 16 de octubre de 1996, Guatemala se enfrentaba a Costa Rica para eliminatoria del mundial de Francia 1998.

Durante ese partido, una avalancha humana causó la muerte de 84 personas y dejó a más de 200 heridos, heridas imborrables en el recuerdo colectivo del país. Aquel día marcó un antes y un después en la seguridad deportiva.

El suceso ocurrió en un partido con gran afluencia de público. El exceso de asistentes y la falta de medidas adecuadas provocaron que las personas quedaran atrapadas y aplastadas en las zonas de ingreso. La desesperación y el miedo se apoderaron del ambiente, generando una situación incontrolable que terminó en desastre.

La tragedia no solo significó la pérdida de muchas vidas, sino también dejó un fuerte impacto emocional en familiares y amigos. La comunidad deportiva y la sociedad guatemalteca quedaron conmocionadas ante tanta pérdida. Fue una herida profunda que mostró vulnerabilidades y la urgente necesidad de cambio.

Esta sería la nueva posición de Guatemala en el ranking FIFA

Desde entonces, se implementaron mejoras en la regulación y controles para eventos masivos, aunque la memoria de aquellos que fallecieron sigue siendo un recordatorio constante. Cada aniversario renace el compromiso de garantizar que el deporte y la afición convivan en condiciones seguras y dignas.

Las historias personales de quienes vivieron esa jornada siguen presentes, con testimonios de valentía y resiliencia. Sus voces exigen respeto y justicia, pero sobre todo, un aprendizaje para evitar que tragedias similares vuelvan a ocurrir en cualquier estadio o espacio público del país.

En este vigésimo noveno aniversario, el llamado es a honrar su memoria actuando con responsabilidad en la organización de eventos. El dolor y sufrimiento que se vivió deben ser el motor para fortalecer la cultura de la prevención y la protección de la vida humana dentro y fuera de los estadios.

Recordar aquel 16 de octubre no es solo revivir el dolor, sino también celebrar la resiliencia de una nación que busca construir un futuro donde el deporte sea sinónimo de unión y alegría, y no de tragedia. La memoria es un compromiso colectivo para garantizar que nunca más se repita.