Salario mínimo “alto”, pero productividad baja… ¿dónde está el punto de equilibrio?

El aumento del 10% al salario mínimo decretado por el presidente Bernardo Arévalo para 2025 ha provocado un intenso debate en el país, con referencia al aumento que habrá para 2026.
La medida, que según el Ejecutivo busca dignificar las condiciones de los trabajadores, ha generado preocupación en distintos sectores productivos, que advierten un posible impacto en costos y competitividad.
Durante una entrevista reciente, Amador Carballido, director ejecutivo de AGEXPORT, señaló que más del 70% de la fuerza laboral permanece en la informalidad, un contexto que —a su criterio— limita el alcance real de las políticas salariales en Guatemala.
Agregó que, aunque el país tiene uno de los salarios mínimos más altos de la región, la productividad continúa siendo baja, lo cual afecta la capacidad de competir en mercados internacionales.
Carballido sostuvo que existe una desconexión entre el nivel del salario mínimo y la productividad laboral, lo que dificulta generar condiciones que incentiven la formalidad y el crecimiento económico.
El sector exportador insiste en que es necesario revisar la estructura actual y promover un modelo que permita mejorar la competitividad sin comprometer los ingresos de los trabajadores.







