¿Rivalidad o unidad? El testimonio de Andrea Álvarez del ambiente en Selección Femenina

En el mundo del fútbol, las rivalidades entre clubes suelen ser intensas y apasionadas, creando a veces un ambiente complicado cuando jugadoras de equipos contrincantes deben unirse bajo una misma bandera en las selecciones nacionales. ¿Cómo se manejan estas dinámicas en el fútbol femenino guatemalteco? Andrea Álvarez, futbolista con experiencia tanto en la liga local como en el competitivo fútbol europeo, nos ofrece una perspectiva reveladora sobre esta realidad.
«Tenemos un muy buen grupo», afirma Andrea sin titubeos cuando se le pregunta sobre el ambiente en la selección femenina de Guatemala. Esta declaración, aparentemente sencilla, cobra especial relevancia cuando se considera el contexto del fútbol femenino guatemalteco, donde equipos como Cremas (donde jugó Andrea) y Unifut mantienen una fuerte rivalidad.
La futbolista reconoce que estas rivalidades existen, pero destaca la madurez con la que las jugadoras las manejan: «Cuando estaba jugando aquí en Guatemala con Cremas siempre estaba lo que decían, Unifut, equipo rival, no sé qué, pero al final creo que somos conscientes de que lo que pasa dentro del campo se queda ahí y luego en la selección somos solo un equipo».
Esta capacidad para separar las rivalidades de clubes del trabajo en la selección nacional es fundamental para construir un ambiente propicio para el alto rendimiento. Andrea subraya la importancia de esta mentalidad: «Eso lo tenemos claro y eso también nos ayuda a que se vea diferente la selección, porque si no yo creo que se vería mucho que no nos entendiéramos».
El testimonio de Andrea contrasta con la percepción que a veces existe sobre los egos y las tensiones en los vestuarios de selecciones nacionales, tanto en el fútbol masculino como femenino. Lejos de los roces y conflictos que podrían esperarse, la jugadora describe un ambiente de camaradería y profesionalismo donde el objetivo común prevalece sobre las diferencias previas.
Esta unidad de propósito resulta especialmente valiosa en un momento clave para la selección femenina de Guatemala, que se prepara para enfrentar compromisos internacionales. Andrea menciona específicamente dos partidos amistosos, uno de ellos programado para el día 26 en Ecuador, que servirán como preparación para futuras competencias oficiales.
Sin embargo, no todo es color de rosa en el panorama de la selección. Andrea, con la franqueza que caracteriza sus declaraciones, expresa cierta preocupación por la planificación de estos encuentros: «Me gustaría que hubiera más preparación porque tenemos el partido el 26 y estamos viajando el lunes, que al final tenemos dos días para el partido». Esta observación revela su profesionalismo y su deseo de que la selección cuente con las mejores condiciones posibles para rendir a su máximo nivel.
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La futbolista también deja entrever que la comunicación con el cuerpo técnico no ha sido tan fluida como podría esperarse: «Hemos hablado poco, la verdad, porque para la anterior fecha FIFA no pude estar por unos problemas que tenía personales y tenía que cerrarlos en España». No obstante, reafirma su compromiso con la selección al mencionar que para esta ocasión le dijo a la entrenadora «que sí podía, que sí quería estar en selección».
El caso de Andrea Álvarez es particularmente interesante porque aporta la perspectiva de alguien que ha experimentado dos realidades muy distintas: el fútbol guatemalteco, que ella misma describe como «semiprofesional», y el fútbol español, donde actualmente desarrolla su carrera profesional. Esta doble experiencia le permite valorar con mayor objetividad las fortalezas y áreas de mejora del fútbol femenino en su país natal.
Cuando se le pregunta sobre la presencia de jugadoras provenientes de universidades estadounidenses en la selección guatemalteca, Andrea ofrece una respuesta diplomática pero significativa: «Tenemos mucho talento aquí en Guatemala y yo creo que deberíamos de aprovecharlo, pero bueno tampoco estoy diciendo que sean malas las que vienen, también nos aportan mucho». Esta reflexión pone sobre la mesa un debate importante sobre el desarrollo del talento local versus la incorporación de jugadoras formadas en el extranjero.
La historia de Andrea y su visión sobre la selección femenina de Guatemala nos invita a reflexionar sobre la importancia de la cohesión grupal en los deportes colectivos. Más allá de las rivalidades, tensiones o diferencias de origen, es la capacidad para trabajar juntas hacia un objetivo común lo que determina el potencial de un equipo nacional.
Su testimonio también subraya la necesidad de continuar profesionalizando todos los aspectos del fútbol femenino guatemalteco, desde la planificación de partidos internacionales hasta el desarrollo del talento local. Como ella misma sugiere, se trata de «tener más intención de hacer bien las cosas y de querer mejorar».
En un momento en que el fútbol femenino crece a nivel mundial, las palabras de Andrea Álvarez nos recuerdan que el éxito de una selección nacional no solo depende del talento individual de sus jugadoras, sino también de la capacidad para crear un ambiente donde las diferencias se transformen en fortalezas y donde el sentido de pertenencia a un proyecto común supere cualquier rivalidad preexistente.
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— La Red (@Lared1061) June 18, 2025