¿Qué significa realmente ser guatemalteco en tiempos de desafío nacional?

En el marco del «Día del Cambio», una iniciativa impulsada por RCN Media que busca promover la transformación positiva en Guatemala, Gerardo Alcázar, CEO de de RCN Media, sostuvo una reveladora conversación con José González Campo, destacado empresario guatemalteco con amplia trayectoria en CMI, uno de los grupos empresariales más importantes de la región.
La entrevista, desarrollada en un ambiente de cordialidad y reflexión profunda, comenzó abordando una cuestión fundamental que resuena en el corazón de la identidad nacional: ¿qué significa ser guatemalteco? La respuesta de González Campo fue tan contundente como esperanzadora.
«Ser guatemalteco es una bendición», afirmó sin titubeos el experimentado empresario, reconociendo que aunque muchas personas alrededor del mundo pueden sentir lo mismo respecto a sus propios países, para él Guatemala representa el lugar donde ha construido toda su vida. «Aquí nací, aquí crecí, aquí he tenido mis hijos. Mi papá es de acá, mi mamá es mexicana, pero al final del día creo que la bendición de estar en un país que en mi caso me ha dado todo, a mi familia, a mis hijos, a mi esposa, a mi trabajo», explicó.
Pero más allá del sentimiento personal, González Campo profundizó en una dimensión adicional que considera esencial: «Creo que nos hace falta reconocer la bendición que es ser guatemalteco».
Esta observación apunta a una paradoja cultural que el empresario identifica en la sociedad guatemalteca: la tendencia a quejarse constantemente sin valorar adecuadamente los aspectos positivos del país.
«La verdad es que siempre nos andamos quejando. Yo no sé por qué tenemos el tema de siempre quejarnos de lo que tenemos, pero pocas veces de darnos cuenta de las bendiciones que tenemos estar aquí», reflexionó González Campo, señalando que a pesar de las dificultades evidentes, Guatemala es un país que ha mostrado resiliencia y crecimiento constante.
En su análisis, el empresario destacó una cualidad que considera distintiva de la sociedad guatemalteca: su extraordinaria solidaridad, particularmente evidente en momentos de crisis.
«Tiene también una sociedad extremadamente solidaria, diría yo, y nos pasa desgraciadamente siempre cuando hay alguna catástrofe, es donde sale lo mejor del guatemalteco», señaló, planteando inmediatamente después una pregunta retórica que invita a la reflexión colectiva: «¿Qué haríamos si esa misma actitud la tuviéramos para hacer las cosas bien cuando no es necesario un problema para tenerlo?».
Esta observación apunta a uno de los desafíos culturales más significativos que enfrenta Guatemala: la capacidad de movilizar el espíritu solidario y constructivo no solo en respuesta a las emergencias, sino como una actitud cotidiana orientada al bien común.
González Campo concluyó su reflexión sobre la identidad guatemalteca con una síntesis poderosa: ser guatemalteco es «una bendición y debe ser también un gran compromiso». Esta dualidad entre el privilegio y la responsabilidad establece un marco conceptual que atravesaría el resto de la conversación, donde el énfasis en la acción individual como motor del cambio colectivo sería una constante.
La perspectiva de González Campo sobre la identidad nacional guatemalteca trasciende el patriotismo superficial para adentrarse en un terreno más complejo y exigente. No se trata simplemente de sentir orgullo por los símbolos nacionales o las bellezas naturales del país, sino de asumir activamente la responsabilidad de contribuir a su mejoramiento desde el espacio que cada ciudadano ocupa.
Esta visión de la guatemaltequeidad como compromiso activo resuena con particular fuerza en un contexto donde el país enfrenta múltiples desafíos sociales, económicos y políticos. La invitación implícita en las palabras de González Campo es a superar la dicotomía entre queja y pasividad, para abrazar un patriotismo de acción que se manifieste en el esfuerzo cotidiano por hacer bien las cosas, por pequeñas que estas parezcan.
El diálogo entre Alcázar y González Campo pone de relieve una cuestión fundamental para el futuro de Guatemala: la necesidad de redefinir la identidad nacional no como un simple accidente geográfico o herencia cultural, sino como un proyecto colectivo en constante construcción, donde cada ciudadano tiene tanto el privilegio de pertenecer como la responsabilidad de contribuir.
En tiempos donde las narrativas nacionalistas suelen oscilar entre el pesimismo derrotista y el patrioterismo acrítico, la propuesta de entender la identidad guatemalteca como una «bendición y un compromiso» ofrece una tercera vía: un patriotismo maduro que reconoce tanto los valores y potencialidades del país como los desafíos que debe superar, y que asume la responsabilidad personal en ese proceso de transformación.
La conversación entre estos dos destacados empresarios guatemaltecos, en el marco del «Día del Cambio» promovido por RCN Media, constituye así no solo un intercambio de ideas, sino una invitación a la reflexión colectiva sobre lo que significa realmente ser guatemalteco en el siglo XXI: no simplemente haber nacido en un territorio, sino comprometerse activamente con su transformación positiva.