¿Qué papel juegan las réplicas en el escenario post-temblor y cómo afectan a la población guatemalteca?

El reciente temblor de magnitud 5.6 que sacudió la región central de Guatemala ha sido seguido por un fenómeno común pero no menos inquietante para la población: una serie de réplicas que, según informaron las autoridades durante una conferencia de prensa, ya superaban las 37 al momento del informe oficial.
Este fenómeno, aunque esperado desde el punto de vista científico, genera preocupación entre los ciudadanos y plantea desafíos adicionales para las instituciones encargadas de la gestión de emergencias.
El director del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH) explicó durante su intervención que el evento sísmico registrado corresponde a la categoría de «premonitor-principal-réplica», un patrón específico dentro de la clasificación sismológica.
«En ese sentido el país lo que acaba de presenciar es un sismo premonitor principal réplica y se caracterizó por haber registrado un premonitor de magnitud cinco punto dos en la escala de Richter localizado en Sacatepéquez.
Posteriormente sucedió el sismo de cinco punto seis grados y hace pocos minutos hemos registrado el siguiente que es de cuatro punto dos grados», detalló el funcionario.
Esta secuencia sísmica tiene implicaciones importantes tanto para la comprensión científica del fenómeno como para la gestión de la emergencia.
En primer lugar, permite a los especialistas anticipar el comportamiento probable de las réplicas subsiguientes.
«La idea es que estas réplicas puedan ir disminuyendo en magnitud en función del sismo principal que nosotros sentimos que es de cinco punto seis», explicó el director del INSIVUMEH, ofreciendo una proyección que, aunque técnicamente fundamentada, no elimina completamente la incertidumbre inherente a estos fenómenos naturales.
Desde la perspectiva de la población, las réplicas representan un factor de estrés adicional que prolonga la sensación de emergencia más allá del evento principal.
Especialistas en psicología de emergencias señalan que este fenómeno puede generar ansiedad anticipatoria, donde las personas permanecen en estado de alerta constante, temerosas de que una nueva réplica pueda superar en intensidad al sismo original.
El presidente Bernardo Arévalo abordó esta preocupación durante su intervención, aclarando que la suspensión de actividades decretada para el día siguiente no responde a temores de réplicas mayores sino a necesidades logísticas para la evaluación de daños.
«Se trata, reitero, de una suspensión para permitir que haya una evaluación de los daños y no porque se esté temiendo algún tipo de réplica mayor», enfatizó el mandatario, buscando contrarrestar posibles interpretaciones alarmistas.
Sin embargo, el mismo presidente reconoció que las réplicas podrían generar daños adicionales a los ya registrados.
«En la medida en que haya y que sucedan algunas réplicas que esperamos, como normalmente suceda, vayan disminuyendo en intensidad y en número, puede haber todavía algunos daños que se presenten», advirtió, preparando a la población para posibles nuevos reportes de afectaciones.
Desde el punto de vista técnico, las réplicas cumplen un papel importante en el proceso de reacomodamiento de las placas tectónicas tras el evento principal.
El director del INSIVUMEH explicó que el sismo principal se debió a «la activación de fallas paralelas al arco volcánico centroamericano y se caracterizaron por movimientos laterales».
Específicamente, identificó la activación de la falla de Jalpatagua, que «se distribuye desde Jalpatagua, Caldera, Zamatitlán, sur del departamento de Guatemala, México, Antigua Guatemala, y Villanueva».
Las réplicas, en este contexto, representan ajustes menores que ocurren a medida que las tensiones acumuladas en la corteza terrestre se redistribuyen tras la liberación principal de energía.
En conclusión, las réplicas constituyen un componente natural e inevitable del proceso sísmico que actualmente experimenta la región central de Guatemala.
Su comprensión científica, la comunicación efectiva sobre su naturaleza y evolución probable, y la adopción de medidas preventivas apropiadas, tanto institucionales como individuales, resultan fundamentales para minimizar su impacto en una población ya afectada por el evento sísmico principal.