viernes, 6 de febrero de 2026

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Pandillas como poder paralelo: así operan dentro de las cárceles de Guatemala

La Red FP23 de enero de 2026
Pandillas como poder paralelo: así operan dentro de las cárceles de Guatemala

Dentro de los centros penales de Guatemala, las pandillas funcionan como un poder paralelo que disputa e incluso reemplaza el control del Estado en varios recintos.

Lejos de ser solo lugares de encierro, muchas cárceles se han convertido en centros de mando desde donde se coordinan extorsiones, ajustes de cuentas y decisiones internas de estructuras como Barrio 18 y Mara Salvatrucha.

Las pandillas ejercen control territorial y logístico en sectores completos de distintas prisiones, donde definen quién entra, quién sale y bajo qué condiciones se mueve la población interna.

En penales como el Preventivo para Varones de la zona 18 y otros centros identificados por el Ministerio Público, los propios pandilleros tienen las llaves de sectores, deciden el uso de espacios, asignan celdas y administran cobros internos, lo que les otorga un dominio fáctico sobre la vida diaria de los reclusos.

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Desde estos recintos, los cabecillas dirigen redes de extorsión que afectan al transporte, al comercio y a vecinos en todo el país, aprovechando el acceso ilegal a telefonía celular y la debilidad de los controles penitenciarios.

Investigaciones fiscales han documentado estructuras jerárquicas que operan como una organización empresarial del delito, con líderes recluidos que ordenan llamadas extorsivas, distribuyen tareas y administran los recursos obtenidos, incluso financiando construcciones y mejoras exclusivas para miembros de la mara dentro de los mismos penales.

El rol de las pandillas también se expresa en la capacidad de desafiar abiertamente a las autoridades a través de motines, toma de rehenes y episodios coordinados de violencia tanto dentro como fuera de las cárceles.

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Las recientes rebeliones simultáneas en varios centros penales, protagonizadas por integrantes de Barrio 18 y Mara Salvatrucha, mostraron que estas estructuras pueden presionar al gobierno, frenar requisas, negociar traslados y responder con ataques en las calles cuando perciben que sus privilegios o espacios de poder están en riesgo.

A nivel interno, las prisiones se han convertido en espacios de reclutamiento y consolidación de estas organizaciones, lo que refuerza su papel como escuelas del crimen más que como centros de rehabilitación. El hacinamiento, la falta de programas efectivos de reinserción y la corrupción permiten que las pandillas integren a reclusos sin vínculos previos, amplíen su base de miembros y fortalezcan sus redes, de modo que la cárcel termina siendo un eslabón central en la reproducción del poder pandillero en Guatemala.