¡No pudieron huir! Así fue como la PNC capturó a 2 extorsionistas

En un país donde las extorsionistas afecta a comerciantes y ciudadanos comunes, las autoridades guatemaltecas continúan intensificando sus operativos contra las estructuras criminales dedicadas a este flagelo.
Durante las últimas horas, la Policía Nacional Civil (PNC) reportó la captura de dos mujeres en operativos separados realizados en la capital y en el departamento oriental de Chiquimula, ambas sindicadas del delito de extorsión.
El primer operativo se desarrolló en el mercado de Jocotales, ubicado en la zona 6 de la Ciudad de Guatemala, un área conocida por su intensa actividad comercial y donde los pequeños y medianos comerciantes han denunciado repetidamente ser víctimas de extorsiones.
Agentes de la Subdirección General de Análisis e Información Antinarcótica (SGAIA) ejecutaron la orden de captura contra Aura «N», una mujer de 38 años quien, según las autoridades, contaba con una orden judicial pendiente por el delito de extorsión.
La detención se realizó en plena zona comercial, evidenciando la audacia con que operan los grupos extorsionistas en áreas de alta concurrencia.
Las autoridades no han revelado detalles sobre la estructura criminal a la que posiblemente pertenecía la detenida, ni el monto de las extorsiones que habría cobrado, pero la captura forma parte de los esfuerzos continuos por desarticular las redes que operan principalmente en zonas comerciales de la capital.
Simultáneamente, pero a más de 200 kilómetros de distancia, en la aldea Quesera del municipio de Concepción Las Minas, Chiquimula, agentes de la comisaría 23 capturaron a Wendy «N», una mujer de 49 años.
Lo particular de este caso es que la orden de captura fue emitida por un juzgado de Quetzaltenango, departamento ubicado en el occidente del país, lo que sugiere la movilidad de las estructuras criminales dedicadas a la extorsión.
Wendy «N» enfrenta cargos por el delito de extorsión en forma continuada, una modalidad que implica la comisión sistemática del delito durante un periodo prolongado, generalmente dirigida a las mismas víctimas, quienes son sometidas a un patrón de intimidación constante.
La región fronteriza de Chiquimula, colindante con Honduras y El Salvador, ha sido identificada por las autoridades como un corredor estratégico no solo para el tráfico de drogas y armas, sino también para la operación de estructuras criminales dedicadas a la extorsión, que aprovechan la porosidad fronteriza para evadir la justicia.