Las fallas que no han liberado energía y elevan el riesgo sísmico en Guatemala

A 50 años del terremoto de 1976, la memoria colectiva vuelve a poner sobre la mesa una advertencia clave: en Guatemala existen zonas sísmicas que no han liberado energía en décadas, e incluso siglos, lo que representa un riesgo latente para el país. Así lo explica el ingeniero geofísico y doctor en sismología Juan Pablo Ligorría.
“Las zonas que no han liberado esfuerzos son precisamente las que nos pueden causar mayor daño”, señaló el especialista, al detallar que la amenaza sísmica no solo está en los terremotos recientes, sino en aquellos segmentos tectónicos que permanecen en aparente silencio.
Uno de los puntos más delicados se encuentra en la zona de subducción del Pacífico, donde existe una brecha sísmica entre Guatemala y la frontera con El Salvador. “Desde 1942 no se registra un sismo importante en ese segmento, y eso es geológicamente muy elocuente”, explicó Ligorría, aclarando que aunque existe debate científico, el historial sugiere acumulación de energía.
Otro tramo crítico se localiza en la falla del Motagua, hacia el Caribe. El terremoto de 1976 rompió más de 200 kilómetros desde Los Amates hacia el occidente, pero dejó intacta la sección que se extiende hacia Puerto Barrios. “De Los Amates hacia el Caribe no ha habido una liberación significativa reciente”, advirtió.
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La falla del Polochic es quizá una de las más preocupantes. Según Ligorría, grandes segmentos de esta estructura, que atraviesa la Franja Transversal del Norte, no han liberado esfuerzos desde los siglos XVIII y XIX. “Estamos hablando de una zona que históricamente ha producido sismos importantes, pero que lleva más de 200 años sin una ruptura mayor”, puntualizó.
El riesgo, sin embargo, no depende únicamente de estas fallas activas. “El riesgo se construye cuando combinamos la amenaza con la exposición y la vulnerabilidad”, explicó el experto, recordando que la urbanización acelerada y el crecimiento desordenado incrementan el impacto potencial de un terremoto.
Ligorría enfatizó que un sismo fuerte en estas zonas tendría consecuencias severas si ocurre cerca de áreas densamente pobladas o con infraestructura débil. “Un territorio mal planificado y con edificaciones precarias es mucho más propenso a sufrir pérdidas”, afirmó.
Finalmente, el especialista hizo un llamado a no confundir silencio sísmico con seguridad. “Que una falla no se mueva no significa que esté dormida; muchas veces significa que está acumulando energía”, concluyó, subrayando que la conmemoración del terremoto de 1976 debe servir para fortalecer la prevención y reducir el riesgo antes de que ocurra el próximo gran sismo.
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