Las casas que las pandillas arrebatan: El rostro oculto de la usurpación

La usurpación de viviendas en Guatemala se ha convertido en un fenómeno que avanza con preocupante rapidez.
De acuerdo con Gustavo Adolfo Méndez, presidente de la Asociación de Cooperativas de Desarrollo y Propiedad (ACDPRO), solo en los últimos años se han registrado más de 2,700 denuncias relacionadas con ocupaciones ilegales de casas, terrenos y edificios.
Lo que antes se consideraba un delito focalizado en áreas rurales ahora se extiende a zonas urbanas de la capital, donde pandillas han encontrado en estas viviendas un recurso útil para instalar guaridas, bodegas y centros de operaciones criminales.
Méndez advierte que estas estructuras han comenzado no solo a ocupar viviendas abandonadas, sino también a expulsar a familias completas, obligándolas a firmar documentos ilegítimos con los que intentan legalizar la toma de sus propiedades.
Para muchas víctimas, denunciar se convierte en un riesgo adicional ante la falta de protección policial.