La Quema del Diablo: fuego, tradición y un nuevo comienzo en Guatemala

Cada 7 de diciembre, cuando el reloj marca las seis de la tarde, Guatemala se ilumina con un resplandor muy especial. No son fuegos artificiales ni alarmas: es la tradicional Quema del Diablo, una costumbre que mezcla historia, religión, misticismo popular y, por supuesto, mucha identidad chapina.
Esta celebración, que antecede a la Solemnidad de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre, se vive en 2025 con un detalle curioso: la fecha coincidirá con el segundo domingo de Adviento, lo que le añade un toque aún más simbólico al ambiente de preparación para la Navidad.

Pero, ¿de dónde nace esta tradición que ha pasado de generación en generación?
Historia
La historia nos lleva hasta 1854, cuando el papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.
En el imaginario religioso, esta figura representó la pureza venciendo al mal, al pecado y, simbólicamente, al diablo. En Guatemala, esa idea se transformó en algo muy particular: quemar lo malo para abrir paso a lo bueno.
Durante la época colonial, en la antigua ciudad de la Ermita —lo que hoy es el centro histórico de la capital—, las calles se iluminaban con velas de colores colocadas en balcones, mientras otros encendían antorchas para guiar una solemne procesión en honor a la Virgen. Con el paso del tiempo y los cambios políticos, la procesión desapareció, pero el fuego… ese nunca se fue.

Sin procesión que iluminar, las fogatas crecieron y tomaron un nuevo significado. Ya no solo eran luz para el camino, sino un acto simbólico: deshacerse de lo malo, de lo viejo, de todo aquello que no se quiere cargar al nuevo año. Una especie de limpieza espiritual con toque chapín.
Hoy, la Quema del Diablo se celebra en barrios, calles y plazas, con figuras hechas de cartón y aserrín, piñatas en forma de diablo y, cada vez más, versiones ecológicas que buscan cuidar el ambiente sin perder la esencia de la tradición.
Es una noche donde el fuego no solo quema, también renueva. Una invitación a soltar, a cerrar ciclos y a encender la esperanza para el mes más festivo del año.
Porque en Guatemala, hasta quemar al diablo… se hace con identidad, historia y un toque de alegría.