Fractura histórica: la revocación de la visa a Petro pone a prueba la relación entre Colombia y EE. UU.

La decisión de Estados Unidos de revocar la visa al presidente Gustavo Petro marca un nuevo episodio delicado en las históricas relaciones bilaterales entre Colombia y el gobierno estadounidense.
Esta medida es vista ampliamente como la manifestación más explícita de la tensión ideológica y política entre ambas administraciones, tras meses de recriminaciones públicas, posturas opuestas frente a la guerra en Gaza y desencuentros en temas centrales como narcotráfico, cooperación militar y diplomacia regional.
Analistas advierten que este incidente abre una brecha difícil de cerrar, al tiempo que debilita los canales de diálogo tradicionales y genera incertidumbre sobre el futuro de la cooperación en materia de seguridad, comercio y asuntos multilaterales.
Desde la perspectiva colombiana, el entorno del presidente Petro y parte de la opinión pública interpretan la reacción de Washington como una represalia política, en la que se privilegian los alineamientos sobre la gestión compartida de intereses estratégicos.
En contraste, sectores estadounidenses consideran que las declaraciones de Petro cruzaron una línea roja al incitar a la desobediencia dentro de las fuerzas armadas, lo que obliga a endurecer las posturas ante Bogotá.
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En adelante, es previsible que iniciativas clave como el apoyo financiero y logístico en la lucha contra el narcotráfico, la cooperación antiterrorista y el flujo de inversiones podrían verse congeladas o sometidas a revisión, especialmente mientras permanezcan en vigor los diferendos de alto perfil entre las diplomacias.
El contexto reciente agrava el panorama, pues en semanas anteriores Estados Unidos ya había retirado a Colombia de la lista de naciones que cumplen con la lucha antidrogas, una decisión sin precedentes en treinta años de relación estratégica.
Sumado al actual impasse, la sensación en Washington es que la alianza histórica con Colombia ha entrado en una fase de incertidumbre, a la espera de cambios políticos o negociaciones de fondo que permitan retomar la cooperación plena.
Todo indica que la crisis solo se resolverá con gestos diplomáticos significativos, posibilidad que, de momento, resulta lejana en el ambiente actual.
Este conflicto marca un antes y un después en la relación bilateral y reconfigura la posición internacional de Colombia, situándola en el centro de la atención y el escrutinio global