¿Están realmente preparadas las comunidades guatemaltecas para enfrentar una temporada de huracanes más activa que nunca?

La temporada de huracanes 2025 se perfila como un período particularmente desafiante para Guatemala, con pronósticos que indican la posible formación de hasta 17 tormentas en el Pacífico que podrían convertirse en huracanes con potencial de impactar al país centroamericano.
En este contexto, la preparación de las comunidades y la capacidad de respuesta institucional se vuelven factores críticos para minimizar los posibles daños.
Durante su entrevista en el podcast de RCN Media con Guillermo Velarde, Claudine Ogaldes, Secretaria Ejecutiva de CONRED, abordó la situación actual de preparación comunitaria e institucional ante esta amenaza inminente.
Ante la pregunta directa sobre si las comunidades están prestando atención a las advertencias y siguiendo las recomendaciones de las autoridades, Ogaldes respondió afirmativamente, atribuyendo esta receptividad a una mejor comunicación y distribución de información: «Sí, efectivamente, debido a que tenemos más información. Los alcaldes recibieron desde el mes de junio el pronóstico de lluvias para mayo, junio, y julio», explicó la funcionaria.
Esta mejora en la comunicación preventiva representa un avance significativo en la gestión de riesgos, permitiendo a las autoridades locales anticiparse a posibles escenarios de emergencia y tomar medidas preparatorias.
Sin embargo, como señaló Ogaldes, la conciencia sobre los riesgos y la voluntad de actuar no siempre se traducen en acciones concretas debido a limitaciones materiales: «Sí están sumamente preocupados los alcaldes por hacer obras de mitigación a largo plazo, pero para eso se necesita también recursos, y lamentablemente eso es lo que se nos está dificultando».
Esta observación pone de relieve una realidad común en muchos países en desarrollo: la brecha entre el reconocimiento de los riesgos y la capacidad efectiva para implementar medidas preventivas adecuadas.
Aunque exista información, conciencia y voluntad política, la escasez de recursos financieros y técnicos puede obstaculizar significativamente la implementación de soluciones efectivas.
¿Qué impacto tendrá la tormenta tropical Erick en un país con suelos ya saturados?https://t.co/aFFt4KyuLc
— La Red (@Lared1061) June 17, 2025
Ogaldes también destacó un problema fundamental en el enfoque temporal de las medidas de mitigación: «Las obras de mitigación las deberíamos hacer en verano y no esperar a que llueva para poder tenerlas».
Esta observación señala una deficiencia en la planificación preventiva, donde las medidas necesarias no se implementan durante las temporadas secas, cuando serían más factibles y efectivas, sino que se intentan realizar de manera reactiva cuando las emergencias ya están en desarrollo.
Un ejemplo concreto mencionado por la funcionaria es la situación en las barrancas cercanas al volcán de Fuego: «Un tema que nos preocupa muchísimo es el descenso de la Járez, especialmente el volcán de fuego, porque han dejado las barrancas mucha, mucha tierra, mucho sedimento, que en algún momento la lluvia va a hacer que baje a las comunidades».
Este caso ilustra cómo la falta de acciones preventivas oportunas (como la extracción de sedimentos durante la temporada seca) puede crear condiciones de alto riesgo para comunidades enteras.
A pesar de estas deficiencias en la prevención, Ogaldes aseguró que el sistema de respuesta a emergencias está preparado para actuar cuando sea necesario: «El sistema CONRED ya está preparado, todos los ministerios están en apresto para atender cualquier emergencia que se presente desde el Ministerio de Comunicaciones, el Ministerio de Desarrollo, el Ministerio de Salud, el Ministerio de la Defensa también».
Esta coordinación interinstitucional es fundamental para una respuesta efectiva, aunque idealmente debería complementarse con medidas preventivas más robustas.
En términos de recursos materiales para la atención de emergencias, la Secretaria Ejecutiva de CONRED proporcionó datos concretos sobre la capacidad actual: «Tenemos el Fondo Nacional de CONRED que tiene diez millones de quetzales que nos sirve para poder atender las emergencias.
Sin embargo, nosotros el año pasado tuvimos la oportunidad de comprar treinta y cinco millones de quetzales únicamente en raciones familiares». Esta información sugiere que, al menos en términos de provisiones para asistencia humanitaria, existe una preparación considerable.
«Eso nos significa aproximadamente ciento cuarenta mil raciones familiares que estamos a llamar el proveedor de veinticuatro horas sin sino las tiempos de la semana. O sea, que en ese sentido, nosotros estamos sumamente abastecidos para poder atender cualquier emergencia que se presente, no solo ahorita, sino durante todo el invierno», añadió Ogaldes, detallando la capacidad logística para responder a situaciones de emergencia.
La funcionaria también mencionó acciones específicas ya implementadas en anticipación a los efectos de la tormenta tropical Erick: «Hemos desde el día de ayer desplegado o abastecido todas las bodegas del interior de la república para poder atender a la comunidad afectada y hemos distribuido kit personal, raciones familiares, frasas, agua pura, para poder atender a todas las familias que sean afectadas por Erick». Esta preparación logística anticipada es un ejemplo positivo de gestión proactiva de emergencias.
En cuanto a los sistemas de monitoreo y alerta temprana, elementos cruciales para la preparación efectiva ante desastres, Ogaldes afirmó que ha habido avances significativos: «Hemos avanzado muchísimo, el INSUME ya tiene sistemas de alerta temprana casi en todas las cuencas del país». Sin embargo, reconoció que «siempre va a ser falta», sugiriendo que aún existen brechas en la cobertura de estos sistemas que podrían limitar su efectividad en ciertas áreas.
El panorama general que emerge de las declaraciones de Ogaldes es mixto. Por un lado, hay indicios claros de mejoras en áreas clave como la comunicación preventiva, la coordinación interinstitucional, la logística de respuesta a emergencias y los sistemas de monitoreo y alerta temprana. Por otro lado, persisten deficiencias significativas, particularmente en la implementación oportuna de obras de mitigación y en la disponibilidad de recursos para medidas preventivas estructurales.
La situación de Guatemala ilustra un desafío común en la gestión de riesgos de desastres: el desequilibrio entre la capacidad de respuesta (que tiende a recibir más atención y recursos) y la capacidad de prevención (que a menudo queda relegada por limitaciones presupuestarias y otras prioridades).
Aunque responder efectivamente a las emergencias cuando ocurren es crucial, reducir la probabilidad y severidad de estas emergencias mediante medidas preventivas adecuadas podría ser más costo-efectivo a largo plazo.
La temporada de huracanes 2025, con su pronóstico de hasta 17 posibles tormentas que podrían afectar a Guatemala, pondrá a prueba tanto la preparación comunitaria como la capacidad institucional de respuesta.
Si bien existen elementos positivos en la preparación actual, como la mejora en los sistemas de información y la disponibilidad de suministros de emergencia, la persistencia de vulnerabilidades estructurales y la limitada implementación de medidas preventivas sugieren que el país sigue enfrentando desafíos significativos en su capacidad para proteger efectivamente a todas sus comunidades de los impactos de fenómenos meteorológicos extremos.