Cremas contra la historia: el desafío de salvar la categoría tras su peor torneo reciente

Comunicaciones enfrenta en el campeonato actual uno de los retos más delicados de su historia reciente: dejar atrás un Apertura desastroso y sumar lo suficiente para que el descenso deje de ser una amenaza real.
El club que está acostumbrado a pelear por títulos entra a este Clausura con un objetivo mucho más terrenal, pero urgente y estratégico: asegurar la permanencia antes de pensar en volver a competir por la cima.
El punto de partida del problema está en el Apertura 2025, donde Comunicaciones firmó el que muchos analistas señalan como el peor torneo corto de su trayectoria.
El equipo terminó último en la tabla con apenas veinte puntos en veintidós jornadas, con una producción ofensiva muy pobre y una defensa frágil, un rendimiento impropio de una institución acostumbrada a figurar en la parte alta de la clasificación.
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Ese desplome arrastró el promedio general y empujó a los cremas a una zona de la tabla acumulada en la que cada punto del Clausura pesa doble, porque se convierte en un escudo directo contra el descenso al final de la temporada.
El contexto de la tabla acumulada explica por qué este Clausura se vive sin margen de error. Tras el cierre del Apertura, Comunicaciones aparece en la parte baja con veinte puntos, por debajo de varios rivales directos y con la advertencia de que, al final del ciclo 2025–2026, los dos peores equipos perderán la categoría, lo que coloca al club en una pelea que históricamente le ha sido ajena.
La presión se amplifica porque, a diferencia de campañas anteriores, no se trata solo de una mala racha deportiva, sino de un acumulado de fallas que ya no deja espacio para tropiezos en jornadas consecutivas.
En este escenario, el desafío más grande de Comunicaciones no es solo matemático, sino estructural y mental.
A la necesidad de sumar puntos con urgencia se suma el desgaste de un plantel golpeado por lesiones, suspensiones y salidas, un rendimiento colectivo irregular y críticas constantes de una afición que no está acostumbrada a ver a su equipo mirando de reojo la tabla del descenso.
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La dirigencia y el cuerpo técnico se ven obligados a reconstruir confianza, ajustar la planificación deportiva y convertir cada partido del Clausura en una especie de final, donde los errores ya no son una lección para el próximo torneo, sino un riesgo directo para la permanencia en la máxima categoría.
El otro gran reto es sostener esta remontada bajo una doble presión: evitar la catástrofe del descenso y, al mismo tiempo, no perder de vista la exigencia histórica de un club grande.
Comunicaciones necesita que sus figuras reaccionen, que los refuerzos rindan de inmediato y que el proyecto deportivo deje atrás la improvisación que marcó el Apertura, porque el margen para experimentar se ha agotado y ahora cada gol, cada punto y cada jornada pueden marcar la diferencia entre un año de crisis superada o un golpe sin precedentes a la historia crema.







