Carlos Manzo, el alcalde sin miedo que desafió al crimen organizado en Uruapan

Carlos Alberto Manzo Rodríguez, alcalde de Uruapan asesinado el pasado sábado 1 de noviembre, fue un político que se definía a sí mismo como un servidor público “sin miedo” y dispuesto a enfrentar a los grupos criminales que asedian su municipio. Su trayectoria, marcada por la independencia política y un discurso de mano dura, lo convirtió en una figura atípica dentro del panorama político michoacano.
Nacido el 9 de mayo de 1985 en Uruapan, Manzo se formó en Ciencias Políticas y Gestión Pública en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Desde joven mostró interés por la administración pública y la transparencia, lo que lo llevó a desempeñarse como auditor del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) entre 2017 y 2018.
Su salto a la política se consolidó en 2021, cuando fue electo diputado federal por el partido Morena, representando a su distrito natal en la LXV Legislatura. Desde esa posición, se caracterizó por sus posturas críticas frente a la corrupción y por promover políticas de seguridad ciudadana. Sin embargo, en 2024 renunció a su curul para competir por la presidencia municipal de Uruapan, esta vez como candidato independiente, desmarcándose de los partidos tradicionales. Su victoria fue vista como un mensaje de hartazgo de la población ante la violencia y la falta de resultados de las autoridades.
Ya en el cargo, asumido el 1 de septiembre de 2024, Manzo se propuso recuperar la paz de Uruapan, un municipio golpeado por la disputa entre grupos del crimen organizado. En sus intervenciones públicas reclamó una coordinación más efectiva con las fuerzas federales y pidió dotar a la policía local de mayor capacidad operativa. “No quiero ser otro alcalde más de los ejecutados”, advirtió en uno de sus discursos más recordados, en el que también solicitó apoyo a las autoridades estatales y federales.
EN VIDEO | Momento del asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo
Su estilo frontal y sus críticas constantes a la impunidad le valieron comparaciones con el presidente salvadoreño Nayib Bukele, a quien muchos llamaban su referente político. En redes sociales, sus seguidores lo apodaron “el Bukele de Uruapan” por su discurso de orden y su promesa de limpiar la ciudad de la delincuencia.
Carlos Manzo fue asesinado durante el Festival de las Velas, una celebración por el Día de Muertos en la plaza principal de Uruapan. Su muerte, ocurrida en un acto público y frente a decenas de asistentes, conmocionó a Michoacán y al país entero. El crimen, perpetrado por varios atacantes —uno abatido y dos detenidos—, cerró de manera trágica la vida de un funcionario que había hecho de la lucha contra la violencia su bandera política.
Hoy, su figura deja una huella ambigua: la de un político independiente que desafió abiertamente al crimen organizado, consciente del riesgo que corría, y que se convirtió en símbolo de los peligros que enfrentan los alcaldes en regiones donde el poder del Estado se disputa con las organizaciones delictivas.