Aprendizaje de pintura en acuarela en El Cerrito del Carmen

En Noticias que alegran tu corazón, patrocinado por Cardioaspirina, te contamos que cada domingo, el Cerrito del Carmen se convierte en un espacio de creatividad y aprendizaje bajo la guía del acuarelista Romel Cifuentes.
Con pinceles en mano y una pasión desbordante por el arte, Cifuentes imparte clases de pintura en acuarela, compartiendo su amor por esta técnica con estudiantes de todas las edades.

“Yo cuento siempre esta parte de mi vida: me inicié en la escuela del cerro. Fue un motivo por el cual dejé el fútbol, porque yo jugaba mucho y me mantenía sábado y domingo en el campo y ese era un problema con mi primera esposa, que en paz descanse. Luego conocí la escuela y me gustó; entonces, llegó el momento en que uno de mis maestros me dijo que ‘el fútbol no me iba a dar nada, en cambio el arte sí y que algún día me podía sacar de apuros’, y, como siempre me ha gustado el dibujo, cambié los zapatos de fútbol por los pinceles”, relata Cifuentes.
Ese cambio de rumbo ocurrió en 1989, marcando el inicio de una prolífica carrera como pintor. Desde entonces, se ha dedicado a perfeccionar su arte. “Sinceramente, me enamoré del cerro, de las clases y, como repito, siempre me ha gustado el dibujo y yo quería aprender; gracias a Dios, lo logré y ahora soy maestro”, comenta con orgullo.
Cifuentes nunca recibió formación formal en otros establecimientos; su conocimiento se fue forjando a través de la práctica constante. La Escuela de Arte al Aire Libre Max Saravia Gual, fundada en 1972 por Max Saravia, ha sido su segunda casa. Esta escuela, ubicada en el inicio del Centro Histórico en la 1ª calle y 12 avenida de la zona 1, ha cumplido 52 años siendo un faro de arte y cultura.

El trayecto de Cifuentes de alumno a maestro ha sido un proceso natural. “Cuando yo empecé a llegar, vi que había personas que pintaban muy bien; con el tiempo, empecé a desarrollarme mejor y hubo algunos que me pedían que les enseñara porque en ese tiempo no teníamos una dirección, entonces yo tomé la iniciativa de decir: ‘bueno, vénganse conmigo y lo que yo sé, lo puedo enseñar’ y de ahí para acá surgió eso”, explica.
Sus clases atraen principalmente a personas de la tercera edad, aunque últimamente más jóvenes se están uniendo al grupo. Este cambio le llena de satisfacción. Asistir a estas clases está abierto para todo público y el único requisito es el deseo de aprender. Cifuentes subraya que no se cobra nada en las primeras lecciones y se proporcionan los implementos necesarios para que los nuevos estudiantes puedan comenzar a pintar sin preocupación.
“De primas a primera, no les voy a decir que vayan a comprar papel, ya que puede ser un gasto por gusto, y después ya no vienen; entonces, mejor que prueben primero y si les gusta yo ya les digo dónde y cómo adquirirlo”, señala el pintor.

En tiempos pasados, se cobraba una cuota única, pero actualmente nadie paga una contribución fija, reconociendo que muchos de sus alumnos son de escasos recursos.
Cada domingo, de 10:00 a 12:00, los entusiastas del arte se reúnen para crear una pintura. Al finalizar el año, se organiza una clausura con una exposición y se entrega un diploma a cada participante.
“Las puertas de la escuela están abiertas para niños, jóvenes y adultos que tengan el entusiasmo y deseo de querer aprender la técnica y, si no, pues por ir a pintar, distraerse un rato y relajarse. Invito a todas las personas que quieran aprender sin costo”, concluye Cifuentes.
La dedicación y la pasión de Romel Cifuentes no solo han enriquecido su vida, sino también la de todos aquellos que, pincel en mano, han encontrado en el arte una nueva forma de expresión y un refugio de paz en el Cerrito del Carmen.
